
Una investigación multidisciplinar liderada por la Universidad de Oviedo ha puesto el foco sobre la proliferación del helecho común, Pteridium aquilinum, una especie muy extendida en Asturias y especialmente presente en zonas de montaña y áreas de ganadería extensiva. El trabajo confirma la presencia de compuestos tóxicos en poblaciones asturianas de la planta, demuestra la actividad genotóxica de sus extractos y constata que algunos de esos compuestos pueden llegar también a las aguas de zonas donde el helecho es abundante.
El estudio tiene especial interés para territorios del centro y sur de Asturias, ya que entre las zonas analizadas se encuentran Montes de Urbiés, Las Ubiñas-La Mesa, Somiedo, Redes, Ponga, Picos de Europa, Tineo, Degaña, Pría y Novellana.
El helecho común ocupa amplias superficies y puede desplazar a otras especies vegetales, afectando a la biodiversidad y a la disponibilidad de pastos. Además, produce distintos compuestos asociados a toxicidad. Los investigadores analizaron inicialmente brotes jóvenes recogidos en diez zonas de Asturias, detectando en todas las muestras las pterosinas A y B, productos de degradación de otros compuestos presentes en la planta.
En una segunda fase se profundizó en el análisis de muestras recogidas en Montes de Urbiés, el Parque Natural de Somiedo y Picos de Europa. En ellas se estudiaron directamente el ptaquilósido, PTA, uno de los principales compuestos tóxicos, genotóxicos y carcinogénicos producidos por el helecho, y el ptesculentósido, PTE, además de las pterosinas A y B.
Los cuatro compuestos aparecieron en todas las muestras estudiadas, con una concentración especialmente elevada de ptaquilósido en los brotes recogidos en Somiedo.
Alteraciones genéticas en ensayos experimentales
La investigación abordó también si los extractos acuosos del helecho podían provocar alteraciones en el material genético. Para ello se realizaron ensayos con Drosophila melanogaster, organismo empleado habitualmente en investigación genética.
Los resultados mostraron que los extractos de las plantas analizadas podían inducir mutaciones y fenómenos de recombinación en células somáticas, con una intensidad relacionada con la presencia de determinados metabolitos. La actividad genotóxica de los extractos vegetales fue confirmada también mediante ensayos realizados con células humanas cultivadas in vitro.
El equipo quiso comprobar posteriormente si estas sustancias permanecían únicamente en la planta o podían desplazarse hacia el medio acuático. Para ello se analizaron diez muestras de agua recogidas en Pría, Ponga, Redes, Montes de Urbiés, Las Ubiñas-La Mesa, Picos de Europa y Degaña.
Las pterosinas A y B aparecieron en todas las muestras de agua, mientras que el ptesculentósido se detectó en ocho y el ptaquilósido en cuatro. En la mitad de las muestras estaban presentes simultáneamente los cuatro compuestos estudiados.
Las muestras de agua sin concentrar no mostraron efectos genotóxicos detectables. Sin embargo, cuando se concentraron entre tres y diez veces, algunas sí produjeron un aumento significativo de alteraciones genéticas en los ensayos experimentales.
Los investigadores insisten, no obstante, en que estos resultados no demuestran un riesgo directo para la salud humana por el consumo de las aguas analizadas.
“Lo que los resultados sí demuestran es que los compuestos asociados a P. aquilinum pueden encontrarse fuera de la propia planta y alcanzar sistemas acuáticos, lo que amplía así las posibles vías de exposición ambiental”, explica Elena Fernández González, investigadora del Departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo.
Preocupación entre los ganaderos
La investigación incorporó también una encuesta a 212 profesionales del sector ganadero, que refleja una notable preocupación por la expansión del helecho en los pastos.
En Picos de Europa y Redes, el 85% de los encuestados aseguró haber observado al ganado consumiendo helecho durante veranos calurosos. Los investigadores apuntan que la menor disponibilidad de pasto y las altas temperaturas pueden favorecer este comportamiento, una situación que podría intensificarse con el cambio climático.
La encuesta recoge también comunicaciones de mortalidad atribuida por los propios ganaderos al consumo de helecho. En Picos de Europa, un 48,27% de las personas encuestadas informó de muertes asociadas a su consumo, mientras que en Ponga el porcentaje fue del 47,82%.
Además, en Picos de Europa, Ponga, Somiedo y Tineo se registraron casos que los encuestados señalaron como atribuidos por veterinarios al consumo de la planta.
El equipo científico matiza, sin embargo, que no es posible vincular episodios concretos de enfermedad o mortalidad al helecho sin un diagnóstico veterinario que establezca esa relación.
También se plantea como hipótesis una posible vía de exposición humana a través de productos de origen animal como leche o carne, pero los trabajos realizados hasta ahora en Asturias no permiten establecer que dicha exposición se esté produciendo ni cuantificar un posible riesgo.
Nuevas herramientas para controlar su expansión
Otro de los ejes del proyecto ha sido la utilización de drones y técnicas de teledetección para cartografiar la presencia del helecho. Los investigadores han elaborado mapas de alta resolución capaces de identificar superficies ocupadas por Pteridium aquilinum, una herramienta que podría resultar útil en el futuro para orientar actuaciones de control y seguimiento.
Aunque la metodología todavía debe perfeccionarse y validarse a mayor escala, los resultados apuntan a su potencial para evaluar la expansión del helecho en zonas ganaderas y espacios de interés ambiental.
“Su proliferación puede tener consecuencias ecológicas por su capacidad para dominar grandes superficies, supone un problema para la ganadería por la toxicidad asociada a su consumo y, como muestran los resultados más recientes, sus compuestos pueden movilizarse hacia el medio acuático”, señala Elena Fernández González.
El trabajo refuerza así la necesidad de mejorar la vigilancia y gestión del helecho común, estudiar su presencia en las fuentes de agua de las zonas afectadas y trasladar al sector ganadero información sobre los riesgos asociados a esta especie.
En el proyecto han participado investigadores de la Universidad de Oviedo, el SERIDA, CETEMAS, el Instituto Universitario de Oncología del Principado de Asturias, IUOPA, y el Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, ISPA, combinando conocimientos de fisiología vegetal, química analítica, genética, genotoxicidad, investigación agroganadera y teledetección.


